OJOS DE MUJER: ISABEL COIXET, LA REVOLUCIÓN DE LA MIRADA ÍNTIMA

 

Isabel Coixet es directora de cine, una de las mejores.  Nació en Sant Adrià de Besòs  (Barcelona) en 1960. Su idilio con la cámara no empezó en una prestigiosa escuela de cine, sino de una forma mucho más íntima y mística: con una cámara de Super 8 que le regalaron por su primera comunión. Con ella empezó a filmar el mundo y a sus vecinas, atrapando retazos de realidad desde niña.

En lugar de estudiar cinematografía, Coixet decidió licenciarse en Historia Contemporánea por la Universidad de Barcelona. Esta formación académica no es un detalle menor; explica su profunda obsesión por la memoria, por el peso del pasado en el presente de sus personajes y por entender los contextos sociales que asfixian o liberan a las mujeres.

 Del lenguaje publicitario a la disidencia cinematográfica

Antes de conquistar los festivales internacionales, Coixet se curtió en el competitivo mundo de la publicidad como redactora y creativa. Allí aprendió la precisión del plano, la importancia del detalle y a contar grandes historias en apenas unos segundos. Sin embargo, el mundo de los anuncios se le quedó pequeño (y probablemente demasiado androcéntrico).

En 1988 firmó su debut con Demasiado viejo para morir joven, pero fue en 1996, rodando en inglés en Estados Unidos Cosas que nunca te dije (Things I Never Told You), cuando el mundo descubrió su verdadera voz: una cineasta interesada en los silencios, la vulnerabilidad y la incomunicación.

Miss Wasabi Films: Tejiendo redes femeninas

Un dato biográfico crucial para tu perspectiva de género es la fundación en el año 2000 de su propia productora: Miss Wasabi Films.  Con este paso Coixet no se conformó con abrirse paso en una industria históricamente dominada por hombres; decidió abrir la puerta a las que venían detrás.

Isabel Coixet ha construido una de las filmografías más coherentes, internacionales y personales del cine contemporáneo. Si algo define su obra, es la capacidad de colocar a la mujer en el centro absoluto del relato.

Las claves de su perspectiva de género:

  • Subversión de la mirada tradicional: Coixet no filma los cuerpos femeninos para el placer visual ajeno. Su cámara busca la intimidad, la textura de la piel, el silencio y los pequeños gestos cotidianos.
  • La resiliencia ante el trauma: Sus protagonistas suelen habitar “la periferia del bienestar”. No son víctimas pasivas, son supervivientes con criterio en cosntrucción.
  • El deseo y los vínculos no normativos: Coixet se atreve a explorar el deseo femenino en todas sus aristas, desde el amor lésbico histórico hasta las pasiones incómodas, obsesivas y alejadas de los romanticismos de manual.

Filmografía esencial con “Ojos de mujer”

  1. La deconstrucción de la mujer abnegada y el trauma
  • Mi vida sin mí (2003): Ann (Sarah Polley), una joven madre con una enfermedad terminal, toma el control absoluto de su destino y de cómo quiere despedirse del mundo. Rompe con el rol de la madre abnegada que sufre en silencio para convertirse en la guionista de sus últimos días, explorando incluso el derecho a experimentar un nuevo amor antes de morir.
  • La vida secreta de las palabras (2005): A través del personaje de Hanna, Coixet explora las secuelas psicológicas y físicas de la guerra y la tortura. Muestra cómo el trauma se inscribe en el cuerpo de las mujeres y resalta la importancia de la escucha y la empatía femenina como herramientas de sanación.
  1. La periferia, la madurez y la disidencia
  • La librería (2017): Florence Green (Emily Mortimer) es una viuda que decide abrir una librería en un pueblo costero conservador de los años 50. Es un retrato sutil sobre la resistencia femenina intelectual frente al poder caciquil y el aislamiento social.
  • Elisa y Marcela (2019): Coixet rescata del olvido la historia real del primer matrimonio entre dos mujeres en España (1901). Rodada en un bellísimo blanco y negro, la película es una reivindicación del derecho al deseo y al amor lésbico frente a la opresión social y religiosa.
  1. El deseo incómodo y la soberanía del cuerpo
  • Un amor (2023): Basada en la novela de Sara Mesa, aquí Coixet mete el dedo en la llaga de las dinámicas de poder, el neocolonialismo rural y el deseo femenino más complejo e incómodo. Nat (Laia Costa) se enfrenta a un entorno hostil donde el juicio social hacia las decisiones sexuales de las mujeres sigue siendo asfixiante, desnudando el machismo cotidiano.
  • Tres adioses (2026): Su obra más reciente es el testimonio perfecto de la madurez de su mirada. Al adaptar el libro de Michela Murgia, Coixet nos presenta a Marta (Alba Rohrwacher), una mujer que tras una dolorosa ruptura y un diagnóstico médico inesperado, en lugar de hundirse, experimenta un despertar de los sentidos y del placer. Coixet nos recuerda que la fragilidad del cuerpo o el fin de una relación no apagan la soberanía de una mujer sobre sus ganas de vivir.

El cine de Isabel Coixet nos enseña que mirar como mujer no es una cuestión de estética, sino un acto político de resistencia: es darle a nuestras heridas, nuestros deseos y nuestros silencios el espacio cinematográfico que históricamente se nos negó. Coixet filma desde el alma, invitándonos a todas a bailar bajo nuestra propia lluvia.

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