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FRASES CELEBRADAS: LA CÁMARA ES UN INSTRUMENTO QUE ENSEÑA A LA GENTE A VER SIN CÁMARA (DOROTHEA LANGE)

 

Madre Migrante, 1937

Dorothea Lange

Pues llevo un mes de septiembre que, por lo que sea, he tratado a unas cuantas magníficas fotógrafas.

Y de pronto me encuentro con esta frase que me hace entenderlo todo en la línea argumental que yo practico sobre para qué servimos las artistas. Pues para esto, para enseñar nuestra perspectiva de la vida por su podemos pintar de colores el proceso de existir y cooperar entre nosotras.

La frase y la foto es de Dorothea Lange, fotógrafa norteamericana 1895-1965. La foto de madre migrante lo dice todo.

 

NOTICIAS: LA IGUALDAD DE GÉNERO NO LLEGARÁ HASTA 2197

 

 

 

Si no fuera trágico el titular daría risa. Según informe publicado por la ONU en este mes de septiembre de 2026, faltan 171 para conseguir la igualdad de género. ¿Tan pocos? Nadie lo diría… ¡No hay crema de la cara que aguante la espera!

En fín, os dejo el enlace al respecto para que cada quien haga su reflexión. Seguimos bailando…

https://www.unwomen.org/es/noticias/comunicado-de-prensa/2026/09/una-de-cada-tres-instituciones-que-promueven-la-igualdad-de-genero-perdio-poder-en-los-ultimos-dos-anos-revela-nuevo-informe-de-la-onu

 

 

MUJERES QUE LEEN: PISCOPOMPO (AMÉLIE NOTHOMB)

 

PSICOPOMPO

AMÉLIE NOTHOMB

ANAGRAMA 2026

Los psicopompos son figuras mitológicas encargadas de guiar a las almas en su tránsito al más allá.

En Mujeres que leen de septiembre  traigo uno de mis libros de este verano.  Nothomb se ha convertido en una de las pocas autoras de las que compro todo lo que sale. Hay entre ella y yo una identificación que vas más allá del reconocimiento por mi parte de su maestría a la hora de contar y de la que me nutro . Los temas que nos interesan son los mismos y su manera de ponerme un espejo delante me estremece por su simplicidad y complejidad univocas.

No sabría decir si es una novela, un ensayo, una biografía o un híbrido de muchas cosas como solo saben hacer las buenas autoras rebeldes.

Los psicopompos son figuras mitológicas encargadas de guiar a las almas en su tránsito al más allá. Aunque Orfeo no lo sea en sentido estricto —como sí lo es Hermes, por ejemplo—, desciende al Hades con la esperanza de rescatar a su amada Eurídice. Ese gesto desesperado lo convierte en uno de los pocos mortales capaces de cruzar el umbral que separa la vida de la muerte y de caminar, por un instante, entre ambos mundos.

Amélie Nothomb hace algo parecido con cada nuevo libro: de cuatro a ocho de la mañana, todos los días sin excepción, se entrega a la página en blanco con la esperanza de no haber desaprendido a escribir, como un pájaro que nunca olvida cómo volar. Y no falla ni un solo día, porque, si dejara de hacerlo, según confesaba años atrás en una entrevista, entraría en un proceso de autodestrucción. La literatura se convirtió, hace tiempo, en la única forma que encontró de entregarse a la ebriedad del vacío: cada mañana se lanza al cielo, se regocija en el aire y consigue aterrizar en un suelo que no cede.

Precisamente de eso trata Psicopompo: de volar. El amor de Nothomb por los pájaros desembocó en una suerte de mímesis forzada cuando, a los doce años, vivió el episodio más doloroso de su vida: un abuso que derivó en la anorexia que la acompañaría toda su adolescencia. «Si escribo es para que el hielo no se solidifique dentro de mí», afirma. La escritura se convierte así en su renacimiento: la forma de sobrevolar un cuerpo hostil y enfermo y una mente obsesionada con la destrucción.

Con Psicopompo, probablemente su texto más personal y arriesgado hasta la fecha, Nothomb ofrece una reveladora visión de conjunto de su obra y añade un nuevo capítulo a su autobiografía, que la consagra, una vez más, como una de las autoras más singulares e imprescindibles de nuestro tiempo.

Nuestra necesidad de volar, otro punto en común.

 

 

OJOS DE MUJER: LEE MILLER DE MUSA A TESTIGO DEL ABISMO

Lee Miller in Hitler's bathtub high quality, generada por IA

Lee Miller en la bañera de Hitler el 30/4/1945

«Prefiero hacer una fotografía que ser una».

Y bajó del pedestal de mármol donde la mirada masculina la había colocado para agarrar la cámara y disparar a bocajarro contra la belleza, el dolor y el horror.

Este mes de septiembre en Ojos de Mujer nos detenemos ante una mirada que, literalmente, lo vio todo. Una mujer que nació con un rostro diseñado por los dioses, pero que albergaba un alma hambrienta por contemplar.

Elizabeth «Lee» Miller (1907-1977) vivió tantas vidas que la historia del siglo XX podría contarse a través de las cicatrices de sus negativos. Fue portada de revista, musa del surrealismo, creadora de vanguardia y corresponsal de guerra.

El espejo roto y el rayo de sol

La biografía de Miller arranca en los luminosos años veinte en Nueva York. Descubierta por casualidad en la calle por el propio Condé Nast —quien literalmente la salvó de ser atropellada—, se convirtió de inmediato en la modelo estrella de Vogue. Era el maniquí perfecto, la estatua helénica de la era del jazz. Pero el papel de musa es, a fin de cuentas, un cautiverio de seda. Lee no quería ser la luz reflejada; quería ser el fuego.

En 1929, impulsada por una intuición salvaje, cruzó el Atlántico y se plantó en París. Buscó a Man Ray, el genio del surrealismo, y le dijo que no aceptaba un «no» por respuesta: a partir de ese día, ella sería su alumna. Fueron maestros, amantes y rivales. En la oscuridad de aquel cuarto de revelado parisino, Lee descubrió accidentalmente la técnica de la solarización, un halo mágico que envuelve las figuras y que Man Ray a menudo se apropió. Pero el ojo de Lee ya había despertado. Empezó a fotografiar la anatomía desmembrada, las calles de París y los objetos cotidianos con una ironía y una audacia que dejaba a sus colegas masculinos desarmados.

La arena de Egipto y el espejismo de la calma

Huyendo de la asfixiante sombra de Ray, Lee se casó con un empresario egipcio y se trasladó a El Cairo. Allí, el desierto se convirtió en su nuevo lienzo. Mientras la sociedad de expatriados bebía té y jugaba al tenis, Miller cargaba su equipo por las dunas, capturando el surrealismo innato de la naturaleza: redes rotas, huellas en la arena, ruinas que parecían huesos blanqueados por el sol.

Aquel fue un exilio interior, una pausa poética antes de que el mundo se incendiara.  Pronto conoció al pintor y coleccionista británico Roland Penrose, su gran amor definitivo, y regresó a Europa justo a tiempo para ver cómo el cielo se oscurecía.

Las botas de barro en la bañera del monstruo

Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, la embajada estadounidense le ordenó regresar a su país. Lee se negó. Consiguió acreditarse como corresponsal de guerra para Vogue, cambiando la alta costura por el uniforme militar y el casco de acero.

Es aquí donde la poesía de Lee Miller se vuelve oscura, cruda y monumental. Junto al fotógrafo David E. Scherman, documentó el Blitz de Londres, el desembarco de los aliados, la liberación de París y el avance de las tropas hacia Alemania. Sus fotografías no tenían el barniz heroico de las propagandas militares; ella enfocaba la muerte con la misma precisión estética con la que antes enfocaba un vestido de Chanel.

El 30 de abril de 1945, el mismo día que Adolf Hitler se suicidaba en su búnker, Lee Miller y Scherman entraron en el apartamento abandonado del dictador en Múnich. En un acto de profunda justicia poética y simbolismo, Miller se desnudó, dejó sus botas llenas del barro fresco del campo de concentración de Dachau —que acababa de documentar horas antes— ensuciando la alfombra impecable, y se metió en la bañera de Hitler. La fotografía que Scherman le tomó allí, lavándose la mugre del Holocausto con el jabón del asesino, es una de las imágenes más potentes y subversivas del siglo XX.

 

El peso de la memoria y el silencio en el ático

Nadie regresa ileso de los círculos del infierno. Miller fue una de las primeras en fotografiar las montañas de cadáveres de Buchenwald y Dachau. Cuando envió los negativos a la redacción de Vogue en Londres, los acompañó de un telegrama imperativo: «Creedlo, es verdad». La revista de moda publicó el horror a doble página.

Pero el celuloide herido cobró su peaje. La paz trajo consigo lo que hoy conocemos como trastorno de estrés postraumático. Lee guardó sus cámaras, sepultó sus recuerdos en cajas de cartón en el ático de su casa de campo en Sussex y se hundió en el alcohol, la depresión y, finalmente, en una reinvención culinaria donde transformó su necesidad creativa en platos gourmet para los amigos de la pareja, como Picasso o Miró.

Murió en 1977, llevándose consigo la magnitud de su secreto. Fue su hijo, Antony Penrose, quien tras su muerte subió al ático y encontró miles de negativos, cartas y artículos. La madre distante y amargada que él había conocido había sido, en realidad, una de las artistas más formidables y valientes de la historia moderna.

En esta sección de Ojos de Mujer, reivindicamos a Lee Miller no solo por lo que nos dejó ver, sino por cómo nos enseñó a mirar. Ella demostró que la belleza no está reñida con la verdad, por dolorosa que esta sea. Como ella misma dejó escrito en un arrebato de clarividencia sobre su oficio:

«Parece que las mujeres tienen mayores posibilidades de éxito en la fotografía que los hombres… Las mujeres son más rápidas y más adaptables que los hombres. Y creo que tienen una intuición que les ayuda a comprender las personalidades más rápidamente que los hombres».

Lee Miller no se conformó con ser el paisaje; ella fue la tormenta.

 

CUERPO: EL DOLOR MENSTRUAL O LA TRAMPA DE LA BUENA TRABAJADORA

 

 

 

Aguantar en silencio, tragar analgésicos en el baño y cumplir con el rendimiento esperado sin torcer el gesto se convirtió en la prueba de fuego para obtener el carné de «buena trabajadora».

Durante décadas, la incorporación de la mujer al mercado laboral se ha medido bajo un rasero implícito pero implacable: la capacidad de operar como si el cuerpo no existiera. En una estructura diseñada históricamente por y para corporalidades lineales, la variabilidad cíclica femenina se percibió como una vulnerabilidad que debía corregirse o, en su defecto, disimularse. Entre todos los ritmos biológicos, el dolor menstrual —la dismenorrea— ha sido el secreto mejor guardado en oficinas, talleres, escenarios, aulas y estudios de creación.

En esta sección de Cuerpo, resulta imprescindible detenerse a analizar este fenómeno que afecta a generaciones de mujeres desde que el trabajo es trabajo. No se trata de una debilidad individual ni de una queja subjetiva; es una realidad vertebrada por dinámicas sociales, evidencias científicas e hitos legislativos que apenas comenzamos a nombrar sin pudor.

  1. La evidencia científica: un dolor histórico invalidado

Desde la perspectiva médica, la dismenorrea no es una incomodidad leve. Durante el sangrado, el tejido uterino sintetiza un exceso de prostaglandinas, compuestos que desencadenan potentes contracciones miometriales. Estas contracciones reducen de forma drástica el flujo sanguíneo local, generando un estado de isquemia tisular transitoria clínicamente comparable en intensidad a la de un episodio cardíaco isquémico.

A pesar de que los estudios epidemiológicos señalan que entre un 15% y un 25% de las mujeres experimentan dismenorrea severa e incapacitante —acompañada con frecuencia de náuseas, migrañas, astenia y mareos—, la respuesta social y clínica habitual ha sido la normalización. El sesgo de género en la investigación médica ha provocado un retraso medio de ocho años en el diagnóstico de patologías como la endometriosis.

Durante ese intervalo, la consigna recibida por la paciente es casi siempre la misma: “es lo normal, a todas nos duele”. Esta minimización sistemática ha obligado a millones de mujeres a afrontar jornadas laborales completas bajo estados de dolor agudo que en cualquier otro contexto diagnóstico motivarían un reposo inmediato.

  1. El sesgo social: la trampa de la productividad sin cuerpo

El mito de la «buena trabajadora» se sostiene sobre una paradoja. Para ser considerada profesionalmente competente dentro de un sistema androcéntrico, la mujer ha sentido la necesidad de sobrecompensar: demostrar que su biología no interfiere en su eficiencia. Rendir al 100% mientras se sufre dolor físico no ha sido valorado como un esfuerzo heroico, sino como el requisito mínimo de admisión para evitar que el ciclo menstrual se utilice como argumento de discriminación laboral o brecha salarial.

Esta dinámica ha perpetuado la disociación corporal. Para cumplir con el estándar de productividad, la persona desconecta de su propia noción del dolor, transformando la resistencia al sufrimiento en un atributo de profesionalidad. La falta de representación de esta realidad en el ámbito del arte y la cultura refleja este mismo silenciamiento: las corporalidades que crean, bailan o gestionan han sido retratadas en su dimensión estética o funcional, pero rara vez en su dimensión doliente y cotidiana.

  1. El marco legal: la ruptura de la inercia

El debate ha comenzado a salir de la esfera privada para instalarse en el derecho del trabajo. Un hito fundamental en este cambio de paradigma lo constituye la Ley Orgánica 1/2023, de 28 de febrero, en España, que modificó la Ley General de la Seguridad Social para reconocer expresamente la incapacidad temporal especial por dismenorrea secundaria e incapacitante.

Esta regulación sitúa a España como un país pionero en el entorno europeo.

A pesar de este avance legislativo, la efectividad real de la medida se enfrenta todavía a barreras culturales. El miedo al estigma profesional, a la pérdida de oportunidades o al escrutinio del entorno laboral hace que muchas trabajadoras sigan renunciando a solicitar este permiso, demostrando que la ley avanza a menudo más rápido que los prejuicios sociales.

Los datos que demuestran avances reales (lo que sí está cambiando)

  • Cambio en las herramientas de diagnóstico: Hasta hace una década, el diagnóstico definitivo de endometriosis requería casi de forma obligatoria una laparoscopia (cirugía invasiva). En la actualidad, el desarrollo de protocolos de ecografía transvaginal de alta resolución con mapeo profundo permite diagnosticar la enfermedad en consulta de forma no invasiva en más del 80% de los casos complejos, evitando cirugías innecesarias.
  • Explosión en la producción científica: La investigación biomédica sobre salud menstrual y dolor pélvico se ha acelerado. En bases de datos como PubMed, el número de estudios publicados sobre endometriosis, dismenorrea y sesgo de género en ginecología en la última década supera al acumulado en los 30 años anteriores.
  • Creación de Unidades Especializadas: En la red hospitalaria pública española se han ido implantando Unidades de Referencia de Endometriosis y Dolor Pélvico Crónico multidisciplinares (que integran ginecología, unidades del dolor, fisioterapia de suelo pélvico y psicología).
  • Institucionalización del problema: La aprobación de la Ley Orgánica 1/2023 en España obligó formalmente al sistema de salud público a crear un código específico de baja médica por incapacidad temporal por dismenorrea secundaria incapacitante. Esto obliga administrativamente a que el profesional de cabecera tenga que registrar el dolor menstrual incapacitante como una patología válida y no como un mero “malestar habitual”.

Aunque el marco legal y la tecnología médica van muy por delante de la mentalidad de muchos profesionales a pie de consulta, la inercia histórica de la resignación ha empezado a romperse con datos y protocolos objetivables.

Habitar el cuerpo sin pedir perdón

Redefinir la relación entre trabajo y salud menstrual no implica asumir una condición de invalidez permanente, sino exigir un marco laboral que reconozca la diversidad fisiológica de quienes lo integran. Trabajar muchos años de nuestra vida no puede ser sinónimo de sufrir en silencio para merecer el espacio ocupado. Colaborar a reconocer nuestra realidad completa como mujeres nos legitima.

Desde este apartado de Cuerpo traer la dismenorrea laboral es un acto de restitución política y artística. Bailar, crear, escribir o diseñar no requiere anular la biología ni disimular el dolor; requiere un entorno que sostenga la vida en todas sus manifestaciones físicas. Reconocer la salud menstrual como un asunto de salud pública y derecho laboral es el primer paso para desmantelar, de una vez por todas, el mito de la abnegación silenciosa.

FRASES CALEBRADAS: EL AMOR Y EL ARTE FELIZ BINOMIO (YAYOI KUSAMA)

 

Amor por siempre, ese es el mensaje que quiero esparcir con mi arte.

Yayoi Kusama  ( 22 de marzo de 1929-, 14 de agosto de 2026) 

Fue una artista japonesa que trabajó con una gran cantidad de medios incluyendo pintura, escultura, arte performance e instalaciones; la mayoría de los cuales centran su interés temático en la  psicodelia por la repetición y los patrones. Fue una precursora de los movimientos del art pop, minimalismo y arte feminista.

Y todos sus colores son amor…

NOTICIAS: LAS MUJERES ABRIENDOSE PASO LENTAMENTE EN EMPLEO TECNOLÓGICO

Las mujeres solo ocupan el 20 % de los 1,08 millones de empleos tecnológicos en España.

 

Según la agencia Europa Press, vamos muy lentamente ocupando puestos tecnológicos en el mercado laboral. Y eso sin duda se nota en el enfoque sobre cómo afrontar las prioridades del  mundo en que vivimos, uno sin duda totalmente tecnológico.

Os dejo el enlace para reflexionar.

https://www.europapress.es/portaltic/sector/noticia-mujeres-solo-ocupan-20-108-millones-empleos-tecnologicos-espana-20260813124223.html

ARTÍCULOS: TOXICIDAD EN LOS TAMPONES HIGIÉNICOS

 

photo of tampons royalty free, generada por IA

Se sabe solo desde 2024 que los tampones higiénicos llevan metales que pueden ser el germen de múltiples patologías.

El logro diario de vida hacer la más fácil  a las mujeres a través de este instrumento higiénico, comercializado desde 1933 en EE.UU. como un inocente compacto de algodón y traído a  España desde los 80, resulta que es nocivo.

Os dejo artículo de la plataforma de Maldita Ciencia: maldita.es.

https://maldita.es/malditaciencia/20260423/metales-tampones-vagina-plomo/

MÚSICA PARA BAILAR: FEELING GOOD (NINA SIMONE)

 

 

https://youtu.be/D5Y11hwjMNs?si=syaUgl44gyANbGdv

Feeling Good es una canción escrita por los británicos  Anthony Newley y Leslie Bricusse para un musical en  1965.

Ha sido interpretada por multitud de artistas, pero Nina Simone la incluye en su álbum de 1965 I Put A Spell On You.

Mejor escucharla para sentir lo que describe: Esa capela, ese silencio, esos metales y la explosión del  feeling good es supervibrante.

Feeling Good (Nina Simone)