Qué es el test de Bechdel en el cine

Qué es el test de Bechdel en el cine

El apartamento : Foto

El apartamento 1960, película dirigida por Billy Wilder protagonizada por Jack Lemmon y Shirley MacLaine.

Test de Bechdel: cómo analizar la brecha de género en la ficción

“Tus silencios no te protegerán” Audre Lorde

“Tus silencios no te protegerán” Audre Lorde.

Audre Lorde

Audre Geraldine Lorde (Harlem, Nueva York, 18 de febrero de 1934 Saint Croix, 17 de noviembre de 1992) fue una escritora afroamericana,  feminista, lesbiana y activista de los derechos civiles. Como poeta es especialmente conocida por el dominio técnico y la fuerza emocional con los que expresa la ira y la indignación que le suscitaron las injusticias civiles y sociales que observó a lo largo de su vida.[Sus poemas y prosa trataron en gran medida temas relacionados con los derechos civiles, el feminismo y la exploración de la identidad femenina negra.

Su obra más conocida es Hermana Otra. un libro de ensayos que contiene varios de sus textos más influyentes en las luchas contra el  racismo, el machismo y la opresión heterosexual como son No hay jerarquías en la opresión y Las herramientas del amo no destruirán la casa del amo.

Y eso intentamos, Audre, hermana, llenar los silencios de justicia.

PERSÉPOLIS (Marjane Satrapi) (2000-2003)

 

Persépolis (Reservoir Gráfica)

Nos cuenta en cuatro tomos de novela gráfica la revolución islámica iraní vista desde los ojos de una niña en los años 70 y 80 del siglo XX, quien asiste atónita al cambio profundo que experimentan su país y su familia, inmersos en la caída de Sha de Persia y la implantación de un régimen islámico radical. El formato narrativo nos permite pasar las páginas con soltura y experimentar rápidamente el estado de ánimo que la propia autora va viviendo a cada cambio que se produce en su vida, todos a peor.

La protagonista es una niña curiosa y con ideas propias fruto de una educación progresista y políticamente avanzada. Desde esa base, nuestra niña Marjane manifiesta su deseo de ser profeta para cambiar el mundo, fruto de su primer contacto con la injusticia social. Después vendrán en cascada todos los demás: la obligación de llevar velo en las escuelas, la separación por sexos, la represión, las ejecuciones de gente cercana y ajena.

Y ante este ambiente de guerra en plena adolescencia la protagonista es enviada a vivir y estudiar a Viena, constituyendo esta etapa una de mucha soledad y desarraigo. Después vendrá el resto de la vida de una mujer que no deja de intentar adaptarse al mundo y que intentará con su altavoz crítico desde occidente visibilizar las profundas heridas que por ahora no han sido curadas, no solo en su propia persona, sino en el universo que ella una vez reconoció como casa, como el salve infantil.

Esta historia de crecimiento personal en un contexto extremo, se ha convertido en un grito de denuncia por desgracia perfectamente vigente tocando el final del primer tercio del siglo XXI y que nos interpela a reflexionar sobre qué significa la identidad, por qué ideología vale la pena partirse el alma y hasta dónde es prudente llegar para ello; cotejar la vileza de los regímenes dictatoriales los cuales, cuando llegan al poder y en nombre de dios, en muy poco espacio de tiempo, se volverán hacia las mujeres para aplastarlas sin piedad y sin complejos en el primer zarpazo.

Para nosotras vaya la mayor reflexión. Porque cuando surge el caos van a por nosotras por sistema. Por eso no hay que permitir ni medio paso atrás aquí o allí donde huela a dictadura.

Persépolis se ha convertido en el gran clásico de la novela gráfica, dando a Marjane Satrapi multitud de reconocimientos, entre ellos el premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2024. Es considerado por tanto uno de los 100 mejores libros del siglo xxi según The New York Times.

Yo elijo este ya clásico de la literatura para iniciar mi renacer, porque la actualidad política no puede traerlo más a colación.

Imprescindible como libro de cabecera no sólo para las mujeres de este planeta, debería ser una lectura obligatoria para todos a partir de los doce años.

Mar de los Ríos

Un lugar propio (Anahí Ruiz Cuadrado)

 

 

Un lugar propio

Transito mi propio domingo de Resurrección que, por lo que sea, coincide con el de la Semana Santa de este 2026. En esa tarde, decido dejar de compadecerme de  mi reloj sin planes y recurro al arte, ese modo de existir.

Atravieso con dificultad el paseo marítimo Carmen de Burgos  atestado de familias en flor que retoñan bicicletas bajitas a las que perseguir; espanto como a palomas hordas de adolescentes a paso cansino móvil en mano.

Mi rumbo señala el Centro Andaluz de la Fotografía, confío en él, siempre me aporta luz, es su cometido.

Y en una pequeña sala situada en la planta baja dedicada a los artistas emergentes, encuentro una joya, así lo siento desde que me introduzco en Un lugar propio de la fotógrafa almeriense Anahí Ruiz Cuadrado.

Se trata de una reinterpretación visual de Una habitación propia que tanto nos ha refrescado el alma la inconmensurable Virginia Woolf en el último siglo. A través de veinte fotografías analógicas tomadas por pares, Anahí congela el retrato y el anhelo de diez mujeres que hablan a través de esos momentos que las representan en blanco y negro.  El contraste de luz y sombra, el viento, la rabia, la aridez, la esperanza, el origen, la pregunta… todo está en este lugar propio que rápidamente se hace de quien lo incursiona. Además, es muy conveniente recorrerlo a solas, sin prisa, deteniéndose en el hilo conductor oral de unos versos recitados por las retratadas que aportan una seda sonora a la experiencia:

Aquí en el silencio empiezo, quien hace, nace.

No me dejo caer.

No quiero que me digan lo que quiero escuchar, escribo lo que quiero escuchar.

Leo mucho, pero bailo más.

Todo está dentro de tu poder y tu poder está dentro de ti…

Y entonces se recibe el todo que, aparentemente puede resultar breve. Se aspira la belleza de la reflexión poética que necesitaba de este espacio rectangular e íntimo para ser, para  devolver el silencio a las miradas y  a los anhelos de los dípticos, de los versos susurrados.

Nada más que decir, hay que sentirla y animo desde este rincón a visitar este lugar para hacerlo propio. Quien así lo aspire no necesitará más, simplemente se llevará el alma lavada a casa para comenzar un mañana color verde.

Mar de los Ríos

Un lugar propio de Anahí Ruiz Cuadrado

Ubicación: Sala Jorge Rueda en Centro Andaluz de la Fotografía. Almería.

Hasta el 19 de abril  de 2026.

 

AGUA (LAS MIGAS)

 

Agua, un temazo del último trabajo de  Flamencas, 2015 de mis queridas Las Migas a las que sigo desde sus inicios.

Las Migas es un cuarteto de música popular española formado por Paula Ramírez (voz), Marta Robles (guitarra y voz), Alicia Grillo (guitarra y voz) y Laura Palacios (violín y voz).​ Han ganado dos veces el Premio Grammy Latino al mejor álbum de música flamenca, en 2022 y 2025.

Agua limpia con la que engalanar este 2026 de Resurrección. Bailemos.

UNA CIERTA CALMA

Hay días en los que el ruido no es un fondo sobre el que transitar, es una invasión vital, un tronco cruzado en nuestro camino que no se sabe cómo sortear sin entrar en conflicto.

Un coche con la música alta en un semáforo, una moto que da gas sin necesitarlo, un vecino que convierte mi tarde en su banda sonora privada, una lavadora centrifugando a las once de la noche, la tele, el extractor… la pareja de al lado hablando por el móvil, generalmente por videollamada a la hora de la cerveza en una terraza o la música con intensidad discoteca en cualquier sombrilla de playa de nuestro litoral.

Es esta sociedad del bienestar en la que se supone que convivimos, la inmersión sonora se ha normalizado como una especie de mar sucio en el que nadamos todos y en el que solo parece quedar el recurso del sálvese quien pueda. De nada parece servir que la tecnología de 2026 permita que cada cual se administre en mucho sus ruidos, teniendo en cuenta la mínima intoxicación sonora que esparce al medioambiente como si de residuos hablásemos, porque lo son.

Y hay días en los que el cuerpo simplemente no lo sostiene. El ruido no se queda fuera, entra en nuestro templo físico y psíquico dando muestras palpables: tensión en la mandíbula, contracturas musculares, irritación sostenida que se convierte en cansancio crónico e imposibilidad para dormir, el más famoso de todos. En definitiva, la molestia auditiva es algo profundo que dispara al individuo a una situación de alerta sin haberlo decidido, sacándonos de nuestro pretendido equilibrio y propiciando el caldo de cultivo del enfrentamiento o incluso de la agresión.  Porque es una colonización del espacio compartido.

Y, sin embargo, lo hemos normalizado. Por más normativa que exista al respecto en todos los municipios de este país (nos circunscribiremos a nuestro territorio) para reglar el ruido en los casos más flagrantes, actualmente es un fenómeno a estudiar con el loable objetivo de revertirlo, porque simplemente es posible y nos beneficiaría al monto social en cuanto a conseguir un ambiente más relajado en el que respetarnos y entendernos. ¿Podríamos decir que el objetivo político sobre mejorar la contaminación acústica contribuiría a una sociedad más equilibrada? Desde mi perspectiva la respuesta es rotunda: Sí, por supuesto.

No en vano, la Unión Europa en la última década ha entendido y concedido ayudas en consecuencia para aislar las viviendas españolas desde el punto de vista energético y acústico en cuanto a remodelaciones concretas en los inmuebles. Existen subvenciones para mejorar la carpintería exterior, así como los paramentos con materiales de última generación que redundan en una calidad superior en la habitabilidad. Pero eso solo sería una solución a parte del problema.

Yo me refiero a que vivimos en un entorno donde el volumen alto no se cuestiona, donde parece que todo tiene que sonar más de lo necesario. No hay una educación real sobre el silencio, ni sobre el impacto que tiene el ruido en el bienestar propio y en el ajeno. Se asume que es parte del paisaje, que hay que adaptarse. Y quien no lo hace es el que se pierde señalando a los ocasionales o reincidentes que podrían mejorar su vertido acústico sin apenas esfuerzo.

Porque no todo el mundo lo vive igual. Y aquí aparece algo que me interesa observar sin simplificar: quién ocupa el espacio sonoro y quién se adapta a él. A muchas mujeres se nos ha educado —de forma más o menos explícita— en no molestar, en no hacer ruido, en no incomodar, en bajar el volumen, también en el sentido literal.

Mientras tanto, sigue siendo bastante común ver cómo otros invaden ese espacio sin importarle lo más mínimo el conciudadano. Subir la música en un coche, en una casa, en un entorno compartido, en un espacio de ocio como si el efecto fuera neutro representa el quid de la cuestión.

No se trata de señalar ni de entrar en una guerra de costumbres. Se trata de reconocer que el ruido también es una forma de presencia. Una forma de imponer un ritmo, un estado de ánimo, una energía que no es inocua.

Y es que, en mi caso, cada vez lo tengo más claro: necesito bajar el volumen. Y no como gesto radical ni como norma para otros, sino como una forma de cuidado. Elegir espacios más silenciosos y demandarlos sin desgaste o señalamiento sería el objetivo. Darle al cuerpo la posibilidad de no estar reaccionando constantemente. Porque cuando el ruido baja, pasan cosas. Eso lo sabemos todas las que trabajamos desde hace un tiempo considerable en técnicas de paz mental y bienestar como son el yoga o la meditación, las cuales persiguen esa especie de estanque dorado al atardecer en el que mojarse los pies y sonreír. Entonces es cuando la respiración cambia, el pensamiento se aquieta, el cuerpo deja de defenderse apareciendo algo esencial: una cierta calma.No se trata de eliminar el ruido —eso sería imposible—, sino de empezar a mirarlo de otra manera. De preguntarnos qué espacio ocupa en nuestra vida y qué espacio queremos darle.

Y, sobre todo, de escuchar algo que queda por debajo de todo eso:

El propio cuerpo.

MAR DE LOS RÍOS